¡SOLEMNE FIESTA DE LA CIENCIA!
WATSON, CRICK Y WILKINS RECIBIERON EL NOBEL
Nuestro Corresponsal en el Tiempo y el Espacio comenta el breve pero jugoso discurso con el que James Watson agradeció la entrega del premio Nobel de Fisiología y Medicina otorgado por la Real Academia de las Ciencias de Suecia. Los trabajos de estos investigadores desentrañaron los misterios del ADN y cómo se copian los caracteres genéticos.
Estocolmo, 10 de diciembre de 1962. Después de casi un año deambulando con coordenadas espaciotemporales inciertas*, vine a caer (casi literalmente) en este frío lunes de la capital sueca, donde James Watson acaba de dar su discurso de agradecimiento por el premio Nobel de Fisiología y Medicina que comparte con sus colegas Francis Crick y Maurice Wilkins. Estos tres investigadores desentrañaron hace casi una década la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN), tras una dura y a veces poco leal carrera con otros prestigiosos científicos que, como ellos, sabían que detrás de ese descubrimiento se abría la puerta al formidable premio que otorga fama mundial y una suculenta compensación monetaria.
La competencia descarnada es justificada por muchos: la estructura del ADN permite explicar cómo la información hereditaria se "copia y pega" de un individuo a otro, una novedad que, ya se sabe, tendrá importantes consecuencias no solo para la biología sino también para la medicina.
Watson, actualmente de 34 años, llegó a Londres desde los Estados Unidos con apenas 23 años, y luego de buscar un tema de punta en otros lugares de Europa, se incorporó a los laboratorios Cavendish de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Allí se unió al equipo de Crick, un doctor en física que hacia fines de los años 50 incursionó en la biología luego de trabajar en el desarrollo de minas submarinas durante la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, Wilkins es un físico del King´s College de Londres, que se dedica desde hace años a la cristalografía, luego de haber colaborado en los EE.UU. en el Proyecto Manhattan que desarrolló la bomba nuclear.
Lamentablemente, este grupo hoy y aquí, en Estocolmo, está incompleto sin la doctora Rosalind Franklin, química distinguida y refinada cristalógrafa que obtuvo los impecables difractogramas de rayos X del ADN que condujeron a develar su estructura. La Dra. Frankin murió de cáncer en 1958 y, por los estatutos del Premio Nobel, este no puede ser otorgado a personas ya fallecidas.
El discurso de Watson
James Watson subió al estrado con un andar confiado y altanero, por eso cuando dijo al público que Crick y Wilkins le pidieron que hablara por los tres, a este cronista le pareció que no podría haber sido de otro modo: este científico delgado y muy alto, de ojos vivaces y sonrisa algo fingida no hubiera permitido que hablara nadie más que él; de hecho, inmediatamente señaló que sólo podía expresar sus propios sentimientos. Y así lo hizo, pues rápidamente destacó que él era el más joven de los tres galardonados (Wilkins y Crick son casi diez años mayores) y que él era biólogo y sus camaradas eran físicos, con lo que pareció que estaba adjudicándose la mayor parte del premio por proximidad temática.
A decir verdad, sus colegas forman parte de la primera camada de físicos que decidió incursionar en el terreno de la biología. El mismo Watson dijo vagamente que recibieron el apoyo de Bragg (se refería a William Lawrence, el eximio físico que fue premiado con el Nobel en 1915 junto con su padre Henry Bragg). Probablemente nombrando solo el apellido se evitaba mencionar que William Bragg es hasta este año de 1962 el laureado con el Nobel más joven de la historia.
No podemos dejar de reconocer la sinceridad de Watson al decir que las relaciones entre científicos suelen ser complejas. Por ejemplo, comentó que en sus tiempos en Cambridge él mismo resultaba "insoportablemente arrogante a muchas personas". Suavizó su opinión sobre sí agregando que Wilkinson era una persona "extraña" y que Crick era alguien "difícil".
A este cronista le pareció que había algún mensaje oculto acerca de su cosmovisión cuando Watson finalizó su discurso diciendo que los científicos deben seguir trabajando con el mismo espíritu en el que ellos tuvieron la suerte de crecer y que, si así fuera, "ayudaremos a asegurar a que nuestra ciencia continúe y nuestra civilización prevalezca". También nos sorprendió que en ningún momento de su discurso Watson mencionara a Rosalind Franklin, cuyo difractograma (que Wilkins mostró sin autorización a sus colegas) fue el que permitió que los tres estuvieran aquí, es esta fría ciudad del norte de Europa, recibiendo el premio más respetado del mundo.**
Jorge Luis Della Costa
Especial para El Fisgón de la Ciencia
Notas del editor.
* Sorpresivamente y después de casi un año, nuestro Corresponsal en el Tiempo y el Espacio volvió a entrar en contacto con nosotros, lo que produjo gran algarabía en esta Redacción, que ya lo daba por perdido. Alguna vez contaremos a nuestros lectores la historia de nuestro joven periodista.
** No deja de sorprendernos que la descripción de nuestro cronista coincida con la que nosotros mismos hicimos de James Watson cuando visitó la Argentina a fines de la década de los años 1980. La misma impresión deja el laureado biólogo a través de las páginas de su libro La doble hélice, publicado en 1968.
- El discurso de James Watson al recibir el premio Nobel que presenció en vivo nuestro cronista puede leerse en https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/1962/watson/speech/ (visitado el 11/9/21).
"ADN" by chispita_666 is licensed with CC BY 2.0. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

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