No es común que en el Diccionario de la Lengua Española aparezcan menciones a palabras o frases equivocadas. Uno de los pocos casos es el de "no hay tu tía" cuando se quiere decir que algo no tiene solución o, más apropiadamente, que no tiene remedio. Es que la expresión correcta (lo saben los químicos) es "no hay tutía". La tutía o atutía es nada más y nada menos que el multifacético óxido de zinc, nombrado bellamente en una palabra de origen árabe. Entre las múltiples propiedades de este óxido está su empleo como cicatrizante para afecciones de la piel. Ya era conocido por los griegos y lo menciona Avicena en su Canon de Medicina. Son bien conocidos los ungüentos que contienen aceite de hígado de bacalao (vitaminas A y D) y óxido de zinc: madres y padres hemos visto las maravillas que hace en pocas horas en la piel paspada de un bebé; la acción bactericida más su capacidad absorbente facilita la cicatrización. Personalmente, toda crema para curaciones de las piel las pido con óxido de zinc, y si no lo tienen en su formulación, se lo agrego.
El óxido de zinc tiene propiedades termocrómicas (yo las "descubrí" siendo ayudante de segunda de Química General e Inorgánica): cuando se lo calienta, cambia su color blanco al amarillo, retornando al blanco al enfriarse. De ahí a predecir que es un semiconductor, hay un paso: efectivamente, es del tipo n. Últimamente se lo está utilizando para desarrollar celdas fotoelectroquímicas, obleas que por acción de la luz producen la electrólisis del agua.
Siguiendo con las citas autorreferenciales (no hay pedantería ni soberbia, simplemente muchos años de trabajo), recuerdo que casi a comienzos de los años 80, siendo, como dije, ayudante, literalmente no quedaban reactivos para las prácticas de primer año (tras años de falta de presupuesto para compras). Solamente teníamos varias bolsas de óxido de zinc donadas en forma personal al Dr. José Luis Costa por un laboratorio medicinal. Con él diseñamos unas cinco prácticas que solo empleaban el óxido de zinc que poseíamos a granel y ácido muriático, soda cáustica y sal de limón que compramos en la ferretería. El esfuerzo creativo valió la pena: a poco menos de una semana para comenzar las clases llegó el pedido demorado durante años. Tal vez Avicena, el Tercer Maestro, premió nuestro esfuerzo...
HJ:F
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